LA ELECTRIFICACIÓN, CON SANGRE ENTRA

Nos hacemos eco de esta noticia clave para el futuro de la posventa, elaborada por el periodista especializado en automoción Juan Francisco Calero para el portal de noticias de Grupo Serca Automoción:

“Renault acaba de anunciar que en 2030 el 90% de lo que venda tiene que ser eléctrico (no electrificado). Audi ha dicho que para 2026 abandona el desarrollo de coches térmicos, y entre 2031 y 2033, será puramente eléctrica. Lo mismo dijo un poco antes Volkswagen, para 2035. Mini hizo lo propio para 2030, y Jaguar, cuyos futuros coches valdrán “lo mismo que un Bentley o un Porsche”, en 2025. MG acaba de volver a Europa con un producto puramente eléctrico. Y así podríamos seguir repasando la lista de marcas que se venden en España, y concluyendo que todas han anunciado ya el fin de la venta de coches térmicos, o en su defecto, están a punto de hacerlo, o no lo hacen todavía porque son marcas de bajo coste, como Dacia. Pero… ¿qué está pasando aquí?

Está pasando un auténtico “efecto dominó” en la industria, unido a lo que los snobs llaman un “efecto Osborne”. El primero está bien claro; en una cadena de suministro totalmente nueva, con nuevos componentes y nuevos proveedores, las marcas de automóviles tienen que coger “volumen” de producción lo más rápido posible, para llegar al “break even” (punto de rentabilidad) en el menor tiempo posible. Electrificar una marca de coches es una tarea gigantesca por lo que comporta, así que, ¿para qué seguir poniendo dinero en componentes y sistemas que están sentenciados a muerte por la norma europea, cuando tenemos que centrarnos en hacer rentable este dardo envenenado que nos ha caído? Y todavía más, “si mi vecino y competidor va más rápido que yo en este carrera, va a ser rentable antes que yo, y eso no me lo puedo permitir”. El segundo, efecto Osborne, se refiere a ese comportamiento de los consumidores por el que retienen la compra de un bien de consumo cuando saben que hay a las puertas un cambio tecnológico que dejaría obsoleta su inversión en poco tiempo.

Así que una vez que están las reglas fijadas e inamovibles hacia la electrificación, el efecto dominó está bien claro. Hay que correr para llegar antes, o como poco, llegar al mismo tiempo que los que quieren llegar primeros, porque ahí está el crecimiento y la salvación, el volumen, el AHORRO DE COSTES, las ECONOMÍAS DE ESCALA. Lo contrario son multas y un producto que no puede entrar en las ciudades y que se verá fuera de las prebendas y dentro de las penalizaciones. ¿quién compraría eso?

Y este último punto no es baladí. La electrificación llega a la fuerza, a través de una normativa de emisiones que obliga a pasar por ella, precisamente porque NO HA HABIDO MANERA ALGUNA de hacer que prosperara por si misma en el contexto socieconómico actual. Paradójicamente, el triunfo de la electrificación llega a través del fracaso de su implementación. En este caldo de cultivo, los políticos, enarbolando la bandera de la ecología, han decidido tirar hacia adelante buscando unos objetivos y un revulsivo económico prometido, fuera de la era de los combustibles fósiles, cuyo camino de transición está lleno de trampas y problemas que nadie, ni siquiera ellos, somos capaces de atisbar. Nos iremos enterando según nos topemos con ellos, y ya veremos qué pasa.

Aterrizemos esto a un país como España, que emite menos del 1% de los gases de efecto invernadero del planeta, y tenemos un bonito lío montado, con un problema, por ejemplo, todas aquellas personas que van a preferir seguir con su coche viejo, o comprar uno usado más barato que los encarecidos coches nuevos, que además de momento son menos prácticos (bendición para estirar el chicle de la posventa tradicional), aterricemos esto en una agenda 2030 que viene a vendernos que “no vas a tener nada y vas a ser feliz” y, en definitiva y abriendo el zoom, contextualicemos todo esto en un planeta en el que algunos países y regiones consiguen prosperar sus economías y conseguir energía barata para seguir creciendo a costa de nuestro “salvamundismo”. Estos son nuestros problemas, esta nuestra filosofía, este nuestro campo de juego. Más allá de opiniones, de pros y contras, de injusticias y absurdidades, vamos de cabeza a un contexto como este, y las marcas de coches ya están haciendo lo suyo para garantizar su supervivencia, en función de estas reglas del juego. Será inteligente que todos hagamos el mismo ejercicio de transmutación para encontrar las nuevas maneras que tienen que llevarnos a hacer perdurar el negocio, o a hacerlo crecer, en este nuevo campo de juego.”

Esta entrada también está disponible en: Catalán

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